Incesto. Qué palabra.No sé si suena bien o mal, en cualquier caso, surrealista, como un título sin relación con lo que representa.
Tener que vivirlo a escondidas. Y sabiendo que es una relación, más cuánto más joven eres, condenada a terminar...Lo que hice, hicimos, en otras culturas, no sería prohibido, creo que ni en la nuestra hasta no hace tanto. Ahora sí. Incesto.Me pregunto en qué pensará un hombre al oír esta palbra, y en qué una mujer.
Sí, hay un placer más intenso, a veces algo morboso, en una relación así, como en una aventura homosexual, tal vez, en hacer el amor con alguien muy próximo , a quién he visto y me ha visto, crecer. Intenso, y más, en lo físico, en besar una boca semejante a la mía, verme en unos ojos claros como los míos, acariciar una piel suave y pálida como la mía, un cabello claro y fino como el mío... un poco narcisista, quizás; o como ver una imagen de tí mismo en el espejo del otro sexo mientras haces el amor. No tiene por qué ser así, pero si, un parecido nos delataba. Era una atracción muy instintiva, física, animal; pero también cariñosa. Nos habíamos visto niños y ahora nos descubríamos los cuerpos crecidos, sexuados. No sé quién empezó. Los dos. Yo le vi una mañana, desnudo en su cama y sólo pensé en la belleza de su cuerpo, sin más. Le quería? No lo sé. Sentía afecto, y él hacia mí. Y un día, estando juntos y solos, con la complicidad de la noche, sin alcohol, quizá algo de hachís, sentí deseo, lo mismo que él, y después de largas caricias y unos besos, hicimos el amor. Y luego otra vez, y otra..era buen amante. Me gustaban sus caricias,su delicadeza -era muy fuerte, notaba su potencia contenida en cada gesto-, y su falta de inhibiciones.
No planeábamos nuestros encuentros, los dejábamos surgir, sin más. Había algo muy agradable, relajante,al yacer juntos, al dejarle que me acariciase el pelo, al apoyar mi cabeza en su pecho y escuchar los latidos lentos y potentes de su corazón.Algo lánguido, tierno,al respirar al mismo compás, en su proximidad, en su , nunca mejor dicho, familiaridad. Como una sensación de protección y de ausencia total de necesidad de dar explicaciones. Los silencios no eran incómodos. No hablábamos del pasado ni del futuro. Solo existía el presente, fugaz. Antes y después hablábamos siempre muy poco. Fuera del sexo, en cambio, jugábamos continuamente, y nos quitábamos la palabra de la boca el uno a la otra.
No estaba enamorada,no me dió tiempo, pero a veces me sorprendía pensando queno me habría importado que me hiciera un hijo. . .una vez tuvimos un "accidente", y yo no hice nada al respecto.
Podíamos, de todos modos, hacer bastantes cosas juntos y en público sin levantar sospechas. La relación erótica terminó un poco por sí misma; también,porque él empezó a comportarse de una manera peligrosa, cuando yo no buscaba en esos encuentros ya nada morboso. Y quizá, sencillamente, cuando nos dimos cuenta de que nos podíamos enamorar, y eso nos asustaba a los dos. Esa sí era una sensación no dicha pero que flotaba en el aire a veces, inquietante. Buscábamos, por eso, cada vez más, motivos de pelea, discordancias, y las encontramos. Tuvimos una pelea ideológica! Si hubiéramos sido los dos chico, creo que nos habríamos pegado. Pero no. Sólo nos gritamos.
Él quiso hacerlo, un día, y yo me zafé con un gesto brusco, como el arañazo de una gata ofendida.
Ahora nos vemos poco. Han pasado los años. Cuando nos encontramos siempre me parece ver algo extraño en sus ojos, inquieto, huidizo, interrogante. Ya no sé descifrarle, ni él a mí. Los dos somos orgullosos y creo que ninguno daría su brazo a torcer, si hubiera ocasión. O quizá sí... la atracción física puede ser tan poderosa, a veces! Como un cuerpo llama a otro, sencillamente.
A veces le echo de menos, su calor , sus fuertes brazos,su olor suave, su sexo potente en el mío... nuestras salidas y charlas sin sentido. El empeño de los dos en tener razón, cuándo estábamos serios. Mi manía en meterle en mi mundo, como cuando éramos pequeños, siempre acababa derrotándole en imaginación y juegos verbales, y él se dejaba hacer, fascinado.
Así terminó, hasta hoy. Pero ninguno de los dos, y ya hemos tenido ocasiones ,estamos casados.